De pronto, se puso a llover torrencialmente,
no es que no estuviese nublado y amenazase con lluvia, lo sorprendente era la
fuerza, que casi con indignación dejaba caer el agua sobre el asfalto, sobre el
campo, sobre las calles de la ciudad con extremada virulencia.
Si, ya sé que estas cosas pasan y que pasa el
hecho en si de la lluvia en otoño como en primavera o cualquiera de las otras
estaciones, lo que llamaba la atención era la contundencia, la cantidad, el
cielo gris que voceaba la entrada de la estación en una toma de posición en la
naturaleza.
Si, ya sé que no es la primera vez, pero se están
empapando las almas, no ya los cuerpos y sus cabezas, otrora será sus mentes,
ni los corazones, es en lo insólito la contundencia del empapado particular,
Un relámpago mañanero dejó paso a un trueno
capitular, de esos que hacen época, de esos que estallan en el retumbar de los
sentimientos, haciendo entremezclar sensaciones y pasiones..
Llueve, aún llueve con fuerza sobre la ciudad,
sobre el asfalto de las calles repletas de gente que a estas horas de la mañana, de
esta mañana de octubre hace llorar el interior de las gentes, que las moja,
las empapa, las chorrea sin piedad, implacablemente.
Llueve, sin piedad en la ciudad y en cada uno
de nosotros.
Llueve como queriendo limpiar tanto y de
tanto hasta decir basta.
Llueve intensamente, al fin, llueve!
Joluhepe 04//10/13
