Senderos de Ilusión
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martes, 10 de diciembre de 2013
lunes, 2 de diciembre de 2013
viernes, 29 de noviembre de 2013
Día de las librerias
Con motivo de la celebración el próximo viernes 29 de noviembre del Día de las Librerías, queremos acercaros este pequeño Manifiesto “libresco” para recordaros la razón por la que el mejor lugar para hacerse con una buena lectura es una librería:
De la misma forma que no hay dos personas iguales, tampoco las librerías lo son: las hay grandes y pequeñas; algunas dan cabida a muchas materias, otras se especializan en un único tema; las hay que hablan lenguas; muchas dan cobijo a letras y dibujos para los más pequeños; otras nos llevan detrás de la gran pantalla o nos ofrecen un espacio para tomar un café.Como no hay dos librerías iguales, os invitamos a que vengáis a visitarnos el próximo día 29. Nos gustaría mostraros nuestra diversidad, nuestra variadísima oferta, nuestro mimo a la hora de tratar los libros, para que podáis ser partícipes de la pasión que los libreros ponemos al desempeñar nuestro oficio. Nada nos gusta más que descubrir a un lector nuevos autores, recomendar una historia que nos ha parecido especial o charlar sobre los últimos títulos publicados.Eso es algo que todas las librerías tenemos en común: la pasión por los libros. Los libreros somos gente enamorada de nuestro trabajo, disfrutamos con lo que hacemos: al seleccionar cada libro, al pensar cómo exponerlo, al leer todo lo posible para recomendar a cada lector el libro que mejor se ajusta a lo que busca.Roberto Bolaño decía que “cada lector tiene la librería que se merece”. Por eso celebramos este día: porque queremos ofrecer a la sociedad la mejor librería posible. Cada persona que entra en una librería, no es un cliente, sino un amigo. Y estamos orgullosos de tener tan buenos amigos. Estamos convencidos de que quien se atreve a entrar a una librería, siempre vuelve.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Los derechos del lector
Una lista provisional de los derechos del lector la formulaba el escritor francés Daniel Pennac en Como una novela (1992). En esa obra recriminaba a los adultos imponer la obligación de leer con argumentos tan fáciles de suscribir como los siguientes:
En materia de lectura, nosotros «lectores» nos permitimos todos los derechos, comenzando por aquellos que negamos a los jóvenes a los que pretendemos iniciar en la lectura:
1) El derecho a no leer.
2) El derecho a saltarnos páginas.
3) El derecho a no terminar un libro.
4) El derecho a releer.
5) El derecho a leer cualquier cosa.
6) El derecho al bovarismo.1
7) El derecho a leer en cualquier sitio.
8) El derecho a hojear.
9) El derecho a leer en voz alta.
10) El derecho a callarnos.
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1 Enfermedad de transmisión textual. (Término alusivo a Madame Bovary, la protagonista de la novela homónima de Flaubert, lectora compulsiva y apasionada de novelas románticas.)
Evidentemente, los derechos del lector pueden ser más, pero Pennac se limita al número 10 por hacer una comparación irónica, en negativo, con los Diez Mandamientos. En la lista, como vemos, el principio y la ley que predomina es la libertad. Porque la libertad ha de estar por encima de todo: hemos de poder leer lo que queramos, donde queramos, como queramos, cuando queramos y cuanto queramos. No está hecho el mundo para perder el tiempo.
Por lo tanto, para animar a leer lo primero que hay que dejar claro es que tenemos el derecho de leer a nuestro entero gusto. Además, también queda claro que para leer bien a los clásicos y disfrutarlos plenamente, antes hay que leer muchas otras cosas más sencillas que nos vayan abriendo el apetito y la mente. Así, más tarde, ya formados como lectores con criterio, nos darán rabia las lecturas apresuradas y superficiales, nos sublevaremos ante los textos mal escritos y no permitiremos que nos engañen con mala literatura, con historias planas y huecas que no nos aportan nada significativo, ni siquiera auténtica y gozosa satisfacción.
De todos modos, me parece que la lista está incompleta. ¿Qué otros derechos como lectores nos asisten? ¿Quién se atreve a continuar enumerando? Se admiten sugerencias.
El libro de Pennac es, por supuesto, muy recomendable y apto para todos los públicos. Sin serlo, como indica el título, se lee "como una novela" y tiene esa rara facultad de los "libros vivos", esos que hablan directamente al lector. Por eso, creo que muchas personas pueden disfrutar con su lectura, así que no lo dudéis... Ánimo.
Daniel Pennac (1992). Como una novela. Barcelona: Anagrama, 1993. Traducción de Joaquín Jordà.
jueves, 31 de octubre de 2013
lunes, 21 de octubre de 2013
miércoles, 9 de octubre de 2013
viernes, 4 de octubre de 2013
LLueve
De pronto, se puso a llover torrencialmente,
no es que no estuviese nublado y amenazase con lluvia, lo sorprendente era la
fuerza, que casi con indignación dejaba caer el agua sobre el asfalto, sobre el
campo, sobre las calles de la ciudad con extremada virulencia.
Si, ya sé que estas cosas pasan y que pasa el
hecho en si de la lluvia en otoño como en primavera o cualquiera de las otras
estaciones, lo que llamaba la atención era la contundencia, la cantidad, el
cielo gris que voceaba la entrada de la estación en una toma de posición en la
naturaleza.
Si, ya sé que no es la primera vez, pero se están
empapando las almas, no ya los cuerpos y sus cabezas, otrora será sus mentes,
ni los corazones, es en lo insólito la contundencia del empapado particular,
Un relámpago mañanero dejó paso a un trueno
capitular, de esos que hacen época, de esos que estallan en el retumbar de los
sentimientos, haciendo entremezclar sensaciones y pasiones..
Llueve, aún llueve con fuerza sobre la ciudad,
sobre el asfalto de las calles repletas de gente que a estas horas de la mañana, de
esta mañana de octubre hace llorar el interior de las gentes, que las moja,
las empapa, las chorrea sin piedad, implacablemente.
Llueve, sin piedad en la ciudad y en cada uno
de nosotros.
Llueve como queriendo limpiar tanto y de
tanto hasta decir basta.
Llueve intensamente, al fin, llueve!
Joluhepe 04//10/13
viernes, 12 de julio de 2013
lunes, 8 de julio de 2013
miércoles, 3 de julio de 2013
martes, 2 de julio de 2013
lunes, 1 de julio de 2013
martes, 25 de junio de 2013
Duerme la blanca rosa, pero no muere..
Duerme la rosa
dulcemente acariciada por la brisa marina
duerme la rosa
mientras las olas refrescan sus momentos
duerme la rosa
y el sol le de la vida
duerme la rosa, en cada melodía.
Joluhepe un 25 de un junio de un 2013
lunes, 17 de junio de 2013
La tenacidad del escritor
La tenacidad del escritor
No cabe duda de que para la creación literaria son necesarios unos cuantos dones y uno de los más difíciles de poseer y de mantener es el don de la tenacidad. La tenacidad en el escritor ha de ser legendaria, como lo son las historias que, en ocasiones, se persiguen. Esa tenacidad del escritor ha de permitirle enfrentarse a una Nessie que se desdibuja con cada cresta de agua del lago, a un Big Foot que se oculta tras el árbol más delgado del bosque, o a una nave extraterrestre que nunca se espera a que llegue otro testigo de que la vimos.
Para algunos escritores famosos la tenacidad del escritor es su mejor arma contra sus fantasmas
Para Faulkner: “El artista sigue trabajando sin descanso y volviendo a recomenzar: y cada vez cree que logrará su fin, que integrará su obra. No lo logrará, como es natural; y de ahí la razón de que este estado de ánimo sea fecundo. Si alguna vez lo consiguiera, si su obra llegara a poder equipararse con la imagen que de ella se hizo, con su sueño, sólo le restaría precipitarse desde el pináculo de esa perfección definitiva, y suicidarse.”
La tenacidad en el escritor, en ocasiones, debe superar los límites que el propio escritor le puso en su imaginación. ¿Cuándo puede decir un escritor rendirse ante un proyecto que se resiste?, ¿Cómo sin conocer sus límites?, ¿Desde cuando un explorador amazónico vuelve sobre sus pasos ante la inmensidad de la selva? No, la tenacidad ha de estar presente siempre y sin límites, como un acto de fe en las propias posibilidades, en las propias fuerzas.
Dice Camus: “La creación es la más eficaz de todas las escuelas de paciencia y lucidez. Es también el testimonio transformador de la única dignidad del hombre: la rebelión tenaz contra su condición, la perseverancia en un esfuerzo considerado estéril. Exige un esfuerzo cotidiano, el dominio de sí mismo, la apreciación exacta de los límites de lo verdadero, la mesura y la fuerza. Constituye una ascesis. Todo eso “para nada”, para repetir y patalear. Pero quizá la gran obra de arte tiene menos importancia en sí misma que en la prueba que exige a un hombre y la ocasión que le proporciona de vencer a sus fantasmas y de acercarse un poco más a la realidad desnuda”.
Con base en su tenacidad, el escritor no debe tener límites ni temer dificultades; el título de escritor lo consigue uno en lo más alto de esa empinada montaña que es escribir, al otro lado de ese desierto árido, áspero e inhóspito que es la escritura. Incluso, puede que tal título no exista ni deba existir. Pero sin la tenacidad adecuada nunca lo sabremos.
El destino de un escritor es el camino de las letras que recorre; y cada texto que escriba debe confirmárselo. Podemos concluir que, la tenacidad para un escritor es una forma de vida.
La tenacidad del escritor
Víctor J . Sanz
miércoles, 12 de junio de 2013
lunes, 10 de junio de 2013
El miedo al papel en blanco
El miedo al papel en blanco no existe. Es un mito, el papel blanco no come escritores.
Un verdadero escritor no tiene miedo al papel en blanco, muy al contrario: lo ama, lo busca y se entrega a él como un amante fogoso, hasta disolverse en él como un azucarillo. El papel en blanco es una invitación permanente para aquellos que siempre tiene algo que decir.
El papel en blanco, al contrario de lo que muchos piensan, no representa un vacío exterior, sino que representa un vacío interior, y un escritor nunca está vacío por dentro, jamás. Por tanto el concepto del miedo al papel en blanco debemos aplicarlo o vincularlo a otras actividades profesionales no relacionadas con la escritura en ninguna de sus formas.
A pesar de todo, ¿puede un escritor tener miedo al papel en blanco?
Si a pesar de todo, eres escritor y crees tener miedo al papel en blanco, lo más probable es que una de las dos cosas no sea cierta, o bien no es cierto que seas escritor o bien no es cierto que tengas miedo al papel en blanco.
Aún así, si te mantienes firme en ambas creencias, tal vez todo se reduzca a una falta de capacidad para ordenar tus ideas o de práctica en el arte de confinarlas en un papel en blanco.
Prueba alguna de estas 8 vías:
- Escribe un carta a un amigo o un familiar.
- Comienza con ese diario que siempre quisiste escribir.
- Escribe el peor relato que tengas en la recámara y sácalo de ti a modo de exorcismo, podría estar obstruyendo los conductos naturales de comunicación entre el escritor y el papel. Después todo irá más fluido.
- Describe lo que estás viendo, deja volar tu imaginación por un paisaje y ponle una temperatura y un olor, siente el viento que corre por él.
- Observa la imagen de una persona, habla con ella, insite hasta que te conteste y te cuente su vida.
- Lee la prensa, que nunca pierde esa cualidad de sorprender a la imaginación más retorcida.
- Lleva tu imaginación hasta el lugar de un crímen, ella sabrá que hacer con ese papel en blanco que tanto miedo crees que te da.
- Ve a un lugar con mucha gente, obsérvales, imagínales una vida, imagínales secretos por los que darían esa vida, hazles interesantes.
Si aún así, sigues creyendo que eres escritor y que tienes miedo al papel en blanco. Aparta de ti el papel en blanco por un momento y lee, lee y lee; tanto textos literarios del género que te gusta escribir como de cualquier otro género. Apenas pasarán unos minutos cuando ya seas tú quien de miedo al papel en blanco.
Miedo al papel en blanco
Víctor J. Sanz
miércoles, 5 de junio de 2013
La Impaciencia del escritor
6 enemigos del escritor
Los enemigos del escritor son muchos, y no habitan en lejanas montañas o en oscuras y húmedas cuevas, ni siquiera en los despachos de Hacienda, hablamos de enemigos del escritor normal y corriente, que somos la mayoría. De entre todos esos enemigos, hoy hablaremos de 6 de los más corrientes:
1.- La inspiración ha perdido mi tarjeta de visita. Te pones a escribir y, después de llenar un par de papeleras, te das cuenta de que hoy no te salen las cosas. Decides ponerte una copa y asomarte a la ventana, a ver si viene la inspiración camino de tu casa. Resulta que la inspiración perdió tu tarjeta de visita y no encuentra tu casa. Resignado, crees que lo mejor es seguir intentándolo, estás convencido de que bien pudiera ser “escritor” el superlativo de “tozudo”. Cuando entras en calor, y has llenado varios folios, llaman a la puerta, pero sigues trabajando. Vuelven a llamar pero, ¡cómo lo vas a dejar ahora que todas las piezas encima de tu mesa parecen un todo!, ni se te ocurra levantarte. Nunca sabrás quien llamaba a tu puerta, puede incluso que fuera la inspiración, pero no pudiste atenderla porque estabas trabajando. ¡Bien hecho!
2.- El juego de las comas ocultas. Algunos escritores se toman muy a pecho el objetivo de asfixiar a sus lectores quitándoles todas las comas que la lógica les obligaría a poner en su texto. El resultado es un entramado mortal de frases más largas que la capacidad pulmonar del lector medio, lo que convierte a un texto en un arma de destrucción masiva en potencia. No se puede exigir al lector que, para leer nuestro texto, se prepare físicamente como para una prueba olímpica. Otra versión de este malvado juego consiste en lo que podríamos llamar una diarrea de comas, lo que puede provocar hiperventilación en algunos lectores sensibles y, en casos extremos, puede hacerlos entrar en coma. Un ritmo natural, bien puntuado, hará de nuestro texto algo apreciable y susceptible de ser bien puntuado, a su vez, por el lector. Los signos de puntuación son uno de los más afilados enemigos del escritor.
3.- La palabra impuntual. Dice Guy de Maupassant: “Cualquiera que sea la cosa que se quiere decir, solo hay una palabra para expresarla, un verbo para animarla y una adjetivo para calificarla. Hace falta, por lo tanto, buscar hasta encontrar esa palabra, ese verbo y ese adjetivo; y no conformarse nunca con un casi, ni recurrir nunca a una superchería o a un juego de palabras para evitar la dificultad.” Es decir, si la palabra que necesitamos no llega puntual a su cita con nuestro texto, no nos impacientemos tomando la primera que se le parezca, porque, como dice Maupassant solo hay una.
4.- El nuevo rico. Acabas de darte un atracón de diccionario, has descubierto un montón de palabras que desconocías total o parcialmente o que, simplemente, habías olvidado por desuso. Estás ansioso por utilizarlas, por utilizarlas todas, todas en el mismo texto, texto con el que atosigarás al primero que se te cruce. Error. Otra vez la impaciencia, en una de sus múltiples caras, se ceba contigo. Por ejemplo: la inmensa mayoría de las veces un solo adjetivo suele ser suficiente para describir un objeto, un sentimiento, un color…; un segundo adjetivo suele NO aportar nada en absoluto a la imagen que se quiere crear. (La poesía no se ve amenazada por este enemigo).
5.- El adverbio ‘incómodamente invitado’. A la manera de Stephen King o, dicho de otro modo, StephenKingmente, el uso y abuso de los adverbios suele convertir un texto en poco apetecible, aportándole un toque de formalidad que aleja toda posibilidad de llegar a lo más hondo del lector, a menos que se esté redactando un ensayo científico y no se pretenda alcanzar lo más hondo del lector. Como dice King, evita el adverbio siempre que puedas y, cuando no sea posible evitarlo, evítalo de todas formas.
6.- El jardín ajeno. El jardín ajeno es, tal vez uno de los más sibilinos enemigos del escritor. Si vas a meterte en un jardín, que sea un jardín conocido, un jardín amigo que no esconda peligros inesperados de los que, a buen seguro, no saldrás indemne. Escribe sobre lo que sabes, pero si con todo, te ves escribiendo sobre algo que no conoces, conócelo antes de seguir. Documéntate, infórmate, examina el terreno, porque de lo contrario es seguro que el lector sabrá, tarde o temprano, que ni te documentas, ni te informas, ni examinas lo que haces y pensará, con razón, que no le aportarás nada de interés con tu texto.
6 enemigos del escritor
Víctor J. Sanz
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