Senderos de Ilusión
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viernes, 29 de noviembre de 2013
Día de las librerias
Con motivo de la celebración el próximo viernes 29 de noviembre del Día de las Librerías, queremos acercaros este pequeño Manifiesto “libresco” para recordaros la razón por la que el mejor lugar para hacerse con una buena lectura es una librería:
De la misma forma que no hay dos personas iguales, tampoco las librerías lo son: las hay grandes y pequeñas; algunas dan cabida a muchas materias, otras se especializan en un único tema; las hay que hablan lenguas; muchas dan cobijo a letras y dibujos para los más pequeños; otras nos llevan detrás de la gran pantalla o nos ofrecen un espacio para tomar un café.Como no hay dos librerías iguales, os invitamos a que vengáis a visitarnos el próximo día 29. Nos gustaría mostraros nuestra diversidad, nuestra variadísima oferta, nuestro mimo a la hora de tratar los libros, para que podáis ser partícipes de la pasión que los libreros ponemos al desempeñar nuestro oficio. Nada nos gusta más que descubrir a un lector nuevos autores, recomendar una historia que nos ha parecido especial o charlar sobre los últimos títulos publicados.Eso es algo que todas las librerías tenemos en común: la pasión por los libros. Los libreros somos gente enamorada de nuestro trabajo, disfrutamos con lo que hacemos: al seleccionar cada libro, al pensar cómo exponerlo, al leer todo lo posible para recomendar a cada lector el libro que mejor se ajusta a lo que busca.Roberto Bolaño decía que “cada lector tiene la librería que se merece”. Por eso celebramos este día: porque queremos ofrecer a la sociedad la mejor librería posible. Cada persona que entra en una librería, no es un cliente, sino un amigo. Y estamos orgullosos de tener tan buenos amigos. Estamos convencidos de que quien se atreve a entrar a una librería, siempre vuelve.
jueves, 28 de noviembre de 2013
Los derechos del lector
Una lista provisional de los derechos del lector la formulaba el escritor francés Daniel Pennac en Como una novela (1992). En esa obra recriminaba a los adultos imponer la obligación de leer con argumentos tan fáciles de suscribir como los siguientes:
En materia de lectura, nosotros «lectores» nos permitimos todos los derechos, comenzando por aquellos que negamos a los jóvenes a los que pretendemos iniciar en la lectura:
1) El derecho a no leer.
2) El derecho a saltarnos páginas.
3) El derecho a no terminar un libro.
4) El derecho a releer.
5) El derecho a leer cualquier cosa.
6) El derecho al bovarismo.1
7) El derecho a leer en cualquier sitio.
8) El derecho a hojear.
9) El derecho a leer en voz alta.
10) El derecho a callarnos.
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1 Enfermedad de transmisión textual. (Término alusivo a Madame Bovary, la protagonista de la novela homónima de Flaubert, lectora compulsiva y apasionada de novelas románticas.)
Evidentemente, los derechos del lector pueden ser más, pero Pennac se limita al número 10 por hacer una comparación irónica, en negativo, con los Diez Mandamientos. En la lista, como vemos, el principio y la ley que predomina es la libertad. Porque la libertad ha de estar por encima de todo: hemos de poder leer lo que queramos, donde queramos, como queramos, cuando queramos y cuanto queramos. No está hecho el mundo para perder el tiempo.
Por lo tanto, para animar a leer lo primero que hay que dejar claro es que tenemos el derecho de leer a nuestro entero gusto. Además, también queda claro que para leer bien a los clásicos y disfrutarlos plenamente, antes hay que leer muchas otras cosas más sencillas que nos vayan abriendo el apetito y la mente. Así, más tarde, ya formados como lectores con criterio, nos darán rabia las lecturas apresuradas y superficiales, nos sublevaremos ante los textos mal escritos y no permitiremos que nos engañen con mala literatura, con historias planas y huecas que no nos aportan nada significativo, ni siquiera auténtica y gozosa satisfacción.
De todos modos, me parece que la lista está incompleta. ¿Qué otros derechos como lectores nos asisten? ¿Quién se atreve a continuar enumerando? Se admiten sugerencias.
El libro de Pennac es, por supuesto, muy recomendable y apto para todos los públicos. Sin serlo, como indica el título, se lee "como una novela" y tiene esa rara facultad de los "libros vivos", esos que hablan directamente al lector. Por eso, creo que muchas personas pueden disfrutar con su lectura, así que no lo dudéis... Ánimo.
Daniel Pennac (1992). Como una novela. Barcelona: Anagrama, 1993. Traducción de Joaquín Jordà.
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