Senderos de Ilusión

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lunes, 21 de noviembre de 2011

Dale vida a los sueños...


Dale vida a los sueños que alimentan el alma,
y aunque tu mente sienta necesidad humana,
de conseguir las metas y de escalar montañas,
nunca rompas tus sueños,
porque matas el alma.
Dale vida a tus sueños aunque te llamen loco,
no los dejes que mueran de hastío,
poco a poco,
no les rompas las alas que son de fantasía,
déjalos que vuelen contigo en compañía,
Dale vida a tus sueños y, con ellos volando,
tocarás las estrellas y el viento susurrando,
te contará secretos que para ti ha guardado,
y sentirás el cuerpo con caricias bañado,
del alma que despierta para estar a tu lado.
Dale vida a los sueños que tienes escondidos,
descubrirás que puedes vivir esos momentos
con los ojos abiertos y los miedos dormidos,
con los ojos cerrados y los sueños despiertos.

Mario Benedetti

¿cual era el precio?


¿Cuál era el precio?
¿Hacer daño?
Música callada nos envolvía
Era tal vez un purgatorio
Un viaje extraño, sin estación de parada
Mil ideas para despedir, para no repetir
Fe, esperanza, calidad
Memoria perdida
Entre sollozos de un acontecimiento
Se escucha tras los muros sin salida
¿Cuál era el precio?
Tan solo una respuesta en desazón
Tan solo nos marchamos
Ni te fuiste, ni me fui
Nos perdimos una madrugada en un camino sin retorno
Quizás esa fue la moneda de cambio
Tal vez...

Joluhepe

miércoles, 18 de mayo de 2011

Apuntes

Al descender del avión, que otra vez les dejaron en pista, el día estaba plomizo, la calzada mojada y como siempre temió resbalarse y caerse, era una de esas impresiones que le marcaban, el temor a la caída y por eso comenzó a caminar más despacio como queriendo asegurar la pisada sobre el cemento, el resto de pasajeros aceleraban el paso, tal vez por las prisas, tal vez por el temor a la lluvia, pero la meta estaba en coger el autobús rápidamente, lástima que este no sale hasta que está repleto, los pasajeros apretados y el avión vacio.
A Tomas le llego a la mente, la imagen de Marta, la tenía que llamar, pero entre el ordenador y la maleta, y con los periódicos bajo el brazo, no le quedaban manos para poder coger el móvil.
De vez en cuando es bueno retomar las viejas costumbres y hoy en especial, seria por el día que se encontraba triste, necesitaba sentir su mirada mientras tomaban un café, necesitaba sus ojos y su mano cogiendo la suya, con esa carestía que colma el espíritu en momentos así.
Cuando pudo llamar, el móvil de Marta comunicaba o estaba fuera de cobertura…. ¡qué raro!, pensó.
Siguió la ruta de la gente como si de una peregrinación se tratase, por inercia, debía de apresurarse si quería coger un taxi, pensó que no sabía bien porque siempre se forman atascos en la salida de los aeropuerto, autobuses, taxis, coches…
Estaba decidió a dar el paso, pero antes de plantear la decisión quería hablar con ella…