Senderos de Ilusión

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miércoles, 18 de mayo de 2011

Apuntes

Al descender del avión, que otra vez les dejaron en pista, el día estaba plomizo, la calzada mojada y como siempre temió resbalarse y caerse, era una de esas impresiones que le marcaban, el temor a la caída y por eso comenzó a caminar más despacio como queriendo asegurar la pisada sobre el cemento, el resto de pasajeros aceleraban el paso, tal vez por las prisas, tal vez por el temor a la lluvia, pero la meta estaba en coger el autobús rápidamente, lástima que este no sale hasta que está repleto, los pasajeros apretados y el avión vacio.
A Tomas le llego a la mente, la imagen de Marta, la tenía que llamar, pero entre el ordenador y la maleta, y con los periódicos bajo el brazo, no le quedaban manos para poder coger el móvil.
De vez en cuando es bueno retomar las viejas costumbres y hoy en especial, seria por el día que se encontraba triste, necesitaba sentir su mirada mientras tomaban un café, necesitaba sus ojos y su mano cogiendo la suya, con esa carestía que colma el espíritu en momentos así.
Cuando pudo llamar, el móvil de Marta comunicaba o estaba fuera de cobertura…. ¡qué raro!, pensó.
Siguió la ruta de la gente como si de una peregrinación se tratase, por inercia, debía de apresurarse si quería coger un taxi, pensó que no sabía bien porque siempre se forman atascos en la salida de los aeropuerto, autobuses, taxis, coches…
Estaba decidió a dar el paso, pero antes de plantear la decisión quería hablar con ella…