Senderos de Ilusión
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miércoles, 10 de diciembre de 2014
miércoles, 15 de octubre de 2014
Yemas de Avila
Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia
Fiesta de santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, la cual, nacida en Ávila, ciudad de España, y agregada a la Orden Carmelitana, llegó a ser madre y maestra de una observancia más estrecha; en su corazón concibió un plan de crecimiento espiritual bajo la forma de una ascensión por grados del alma hacia Dios, pero a causa de la reforma de su Orden hubo de sufrir dificultades, que superó con ánimo esforzado. Compuso libros, en los que muestra una sólida doctrina y el fruto de su experiencia.
Fiesta de santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia, la cual, nacida en Ávila, ciudad de España, y agregada a la Orden Carmelitana, llegó a ser madre y maestra de una observancia más estrecha; en su corazón concibió un plan de crecimiento espiritual bajo la forma de una ascensión por grados del alma hacia Dios, pero a causa de la reforma de su Orden hubo de sufrir dificultades, que superó con ánimo esforzado. Compuso libros, en los que muestra una sólida doctrina y el fruto de su experiencia.
Santa Teresa es, sin duda, una de las mujeres más grandes y admirables de la historia y fue considerada doctora de la Iglesia por el pueblo cristiano aun antes de que ese título fuera reconocido oficialmente en 1970 por Pablo VI. Sus padres eran Alonso Sánchez de Cepeda y Beatriz Dávila y Ahumada. La santa habla de ellos con gran cariño. Alonso Sánchez tuvo tres hijos de su primer matrimonio, y Beatriz de Ahumada le dio otros nueve. Al referirse a sus hermanos y medios hermanos, santa Teresa escribe: «por la gracia de Dios, todos se asemejan en la virtud a mis padres, excepto yo». Teresa nació en la ciudad castellana de Ávila, el 28 de marzo de 1515. A los siete años, tenía ya gran predilección por la lectura de las vidas de santos. Su hermano Rodrigo era casi de su misma edad de suerte que acostumbraban jugar juntos. Los dos niños, muy impresionados por el pensamiento de la eternidad, admiraban las victorias de los santos al conquistar la gloria eterna y repetían incansablemente: «Gozarán de Dios para siempre, para siempre, para siempre...» Teresa y su hermano consideraban que los mártires habían comprado la gloria a un precio muy bajo y resolvieron partir al país de los moros con la esperanza de morir por la fe. Así pues, partieron de su casa a escondidas, rogando a Dios que les permitiese dar la vida por Cristo; pero en Adaja se toparon con uno de su tíos, quien los devolvió a los brazos de su afligida madre. Cuando ésta los reprendió, Rodrigo echó la culpa a su hermana.
En vista del fracaso de sus proyectos, Teresa y Rodrigo decidieron vivir como ermitaños en su propia casa y empezaron a construir una celda en el jardín, aunque nunca llegaron a terminarla. Teresa amaba desde entonces la soledad. En su habitación tenía un cuadro que representaba al Salvador que hablaba con la Samaritana y solía repetir frente a esa imagen: «Señor, dame de beber para que no vuelva a tener sed». La madre de Teresa murió cuando ésta tenía catorce años. «En cuanto empecé a caer en la cuenta de la pérdida que había sufrido, comencé a entristecerme sobremanera; entonces me dirigí a una imagen de Nuestra Señora y le rogué con muchas lágrimas que me tomase por hija suya». Por aquella época, Teresa y Rodrigo empezaron a leer novelas de caballerías y aun trataron de escribir una. La santa confiesa en su «Autobiografía»: «Esos libros no dejaron de enfriar mis buenos deseos y me hicieron caer insensiblemente en otras faltas. Las novelas de caballerías me gustaban tanto, que no estaba yo contenta cuando no tenía una entre las manos. Poco a poco empecé a interesarme por la moda, a tomar gusto en vestirme bien, a preocuparme mucho del cuidado de mis manos, a usar perfumes y a emplear todas las vanidades que el mundo aconsejaba a las personas de mi condición». El cambio que paulatinamente se operaba en Teresa, no dejó de preocupar a su padre, quien la envió, a los quince años de edad a educarse en el convento de las agustinas de Ávila, en el que solían estudiar las jóvenes de su clase.
Un año y medio más tarde, Teresa cayó enferma, y su padre la llevó a casa. La joven empezó a reflexionar seriamente sobre la vida religiosa, que le atraía y le repugnaba a la vez. La obra que le permitió llegar a una decisión fue la colección de «Cartas» de San Jerónimo, cuyo fervoroso realismo encontró eco en el alma de Teresa. La joven dijo a su padre que quería hacerse religiosa, pero éste le respondió que tendría que esperar a que él muriese para ingresar en el convento. La santa, temiendo flaquear en su propósito, fue a ocultas a visitar a su amiga íntima, Juana Suárez, que era religiosa en el convento carmelita de la Encarnación, en Ávila, con la intención de no volver, si Juana le aconsejaba quedarse, a pesar de la pena que le causaba contrariar la voluntad de su padre. «Recuerdo ... que, al abandonar mi casa, pensaba que la tortura de la agonía y de la muerte no podía ser peor a la que experimentaba yo en aquel momento ... El amor de Dios no era suficiente para ahogar en mí el amor que profesaba a mi padre y a mis amigos». La santa determinó quedarse en el convento de la Encarnación. Tenía entonces veinte años. Su padre, al verla tan resuelta, cesó de oponerse a su vocación. Un año más tarde, Teresa hizo la profesión. Poco después, se agravó un mal. que había comenzado a molestarla desde antes de profesar, y su padre la sacó del convento. La hermana Juana Suárez fue a hacer compañía a Teresa, quien se puso en manos de los médicos; desgraciadamente, el tratamiento no hizo sino empeorar la enfermedad, probablemente una fiebre palúdica. Los médicos terminaron por darse por vencidos, y el estado de la enferma se agravó. Teresa consiguió soportar aquella tribulación, gracias a que su tío Pedro, que era muy piadoso, le había regalado un librito del P. Francisco de Osuna, titulado: «El tercer alfabeto espiritual». Teresa siguió las instrucciones de la obrita y empezó a practicar la oración mental, aunque no hizo en ella muchos progresos por falta de un director espiritual experimentado. Finalmente, al cabo de tres años, Teresa recobró la salud.
Su prudencia y caridad, a las que añadía un gran encanto personal, le ganaron la estima de todos los que la rodeaban. Por otra parte, una especie de instinto innato de agradecimiento movía a la joven religiosa a corresponder a todas las amabilidades. Según la reprobable costumbre de los conventos españoles de la época, las religiosas podían recibir a cuantos visitantes querían, y Teresa pasaba gran parte de su tiempo charlando en el recibidor del convento. Eso la llevó a descuidar la oración mental y el demonio contribuyó, al inculcarle la íntima convicción, bajo capa de humildad, de que su vida disipada la hacía indigna de conversar familiarmente con Dios. Además, la santa se decía para tranquilizarse, que no había ningún peligro de pecado en hacer lo mismo que tantas otras religiosas mejores que ella y justificaba su descuido de la oración mental, diciéndose que sus enfermedades le impedían meditar. Sin embargo, añade la santa, «el pretexto de mi debilidad corporal no era suficiente para justificar el abandono de un bien tan grande, en el que el amor y la costumbre son más importantes que las fuerzas. En medio de las peores enfermedades puede hacerse la mejor oración, y es un error pensar que sólo se puede orar en la soledad». Poco después de la muerte de su padre, el confesor de Teresa le hizo ver el peligro en que se hallaba su alma y le aconsejó que volviese a la práctica de la oración. La santa no la abandonó jamás, desde entonces. Sin embargo, no se decidía aún a entregarse totalmente a Dios ni a renunciar del todo a las horas que pasaba en el recibidor y al intercambio de regalillos. Es curioso notar que, en todos esos años de indecisión en el servicio de Dios, santa Teresa no se cansaba jamás de oír sermones «por malos que fuesen»; pero el tiempo que empleaba en la oración «se le iba en desear que los minutos pasasen pronto y que la campana anunciase el fin de la meditación, en vez de reflexionar en las cosas santas». Convencida cada vez más de su indignidad, Teresa invocaba con frecuencia a los dos grandes santos penitentes, María Magdalena y Agustín, con quienes están asociados dos hechos que fueron decisivos en la vida de la santa. El primero, fue la lectura de las «Confesiones». El segundo fue un llamamiento a la penitencia que la santa experimentó ante una imagen de la Pasión del Señor: «Sentí que santa María Magdalena acudía en mi ayuda ... y desde entonces he progresado mucho en la vida espiritual».
Una vez que Teresa se retiró de las conversaciones del recibidor y de otras ocasiones de disipación y de faltas (que ella exageraba sin duda), Dios empezó a favorecerla frecuentemente con la oración de quietud y de unión. La oración de unión ocupó un largo período de su vida, con el gozo y el amor que le son característicos, y Dios empezó a visitarla con visiones y comunicaciones interiores. Ello la inquietó, porque había oído hablar con frecuencia de ciertas mujeres a las que el demonio había engañado miserablemente con visiones imaginarias. Aunque estaba persuadida de que sus visiones procedían de Dios, su perplejidad la llevó a consultar el asunto con varias personas; desgraciadamente no todas esas personas guardaron el secreto al que estaban obligadas, y la noticia de las visiones de Teresa empezó a divulgarse para gran confusión suya. Una de las personas a las que consultó Teresa fue Francisco de Salcedo, un hombre casado que era un modelo de virtud. Éste la presentó al doctor Daza, sabio y virtuoso sacerdote, quien dictaminó que Teresa era víctima de los engaños del demonio, ya que era imposible que Dios concediese favores tan extraordinarios a una religiosa tan imperfecta como ella pretendía ser. Teresa quedó alarmada e insatisfecha. Francisco de Salcedo, a quien la propia santa afirma que debía su salvación, la animó en sus momentos de desaliento y le aconsejó que acudiese a uno de los padres de la recién fundada Compañía de Jesús. La santa hizo una confesión general con un jesuita, a quien expuso su manera de orar y los favores que había recibido. El jesuita le aseguró que se trataba de gracias de Dios, pero la exhortó a no descuidar el verdadero fundamento de la vida interior. Aunque el confesor de Teresa estaba convencido de que sus visiones procedían de Dios, le ordenó que tratase de resistir durante dos meses a esas gracias. La resistencia de la santa fue en vano.
Otro jesuita, el P. Baltasar Álvarez, le aconsejó que pidiese a Dios ayuda para hacer siempre lo que fuese más agradable a sus ojos y que, con ese fin, recitase diariamente el «Veni Creator Spiritus». Así lo hizo Teresa. Un día, precisamente cuando repetía el himno, fue arrebatada en éxtasis y oyó en el interior de su alma estas palabras: «No quiero que converses con los hombres sino con los ángeles». La santa, que tuvo en su vida posterior repetidas experiencias de palabras divinas afirma que son más claras y distintas que las humanas; dice también que las primeras son operativas, ya que producen en el alma una fuerte tendencia a la virtud y la dejan llena de gozo y de paz, convencida de la verdad de lo que ha escuchado. En la época en que el P. Álvarez fue su director, Teresa sufrió graves persecuciones, que duraron tres años; además, durante dos años, atravesó por un período de intensa desolación espiritual, aliviado por momentos de luz y consuelo extraordinarios. La santa quería que los favores que Dios le concedía permaneciesen secretos, pero las personas que la rodeaban estaban perfectamente al tanto y, en más de una ocasión, la acusaron de hipocresía y presunción. El P. Álvarez era un hombre bueno y timorato, que no tuvo el valor suficiente para salir en defensa de su dirigida, aunque siguió confesándola. En 1557, san Pedro de Alcántara pasó por Ávila y, naturalmente, fue a visitar a la famosa carmelita. El santo declaró que le parecía evidente que el Espíritu de Dios guiaba a Teresa, pero predijo que las persecuciones y sufrimientos seguirían lloviendo sobre ella. Las pruebas que Dios le enviaba purificaron el alma de la santa, y los favores extraordinarios le enseñaron a ser humilde y fuerte, la despegaron de las cosas del mundo y la encendieron en el deseo de poseer a Dios. En algunos de sus éxtasis, de los que nos dejó la santa una descripción detallada, se elevaba varios palmos sobre el suelo. A este propósito, comenta Teresa: Dios «no parece contentarse con arrebatar el alma a Sí, sino que levanta también este cuerpo mortal, manchado con el barro asqueroso de nuestros pecados». En esos éxtasis se manifestaban la grandeza y bondad de Dios, el exceso de su amor y la dulzura de su servicio en forma sensible, y el alma de Teresa lo comprendía con claridad, aunque era incapaz de expresarlo. El deseo del cielo que dejaban las visiones en su alma era inefable. «Desde entonces, dejé de tener miedo a la muerte, cosa que antes me atormentaba mucho». Las experiencias místicas de la santa llegaron a las alturas de los esponsales espirituales, el matrimonio místico y la transverberación.
Santa Teresa nos dejó el siguiente relato sobre el fenómeno de la transverberación: «Ví a mi lado a un ángel que se hallaba a mi izquierda, en forma humana. Confieso que no estoy acostumbrada a ver tales cosas, excepto en muy raras ocasiones. Aunque con frecuencia me acontece ver a los ángeles, se trata de visiones intelectuales, como las que he referido más arriba ... El ángel era de corta estatura y muy hermoso; su rostro estaba encendido como si fuese uno de los ángeles más altos que son todo fuego. Debía ser uno de los que llamamos querubines ... Llevaba en la mano una larga espada de oro, cuya punta parecía un ascua encendida. Me parecía que por momentos hundía la espada en mi corazón y me traspasaba las entrañas y, cuando sacaba la espada, me parecía que las entrañas se me escapaban con ella y me sentía arder en el más grande amor de Dios. El dolor era tan intenso, que me hacía gemir, pero al mismo tiempo, la dulcedumbre de aquella pena excesiva era tan extraordinaria, que no hubiese yo querido verme libre de ella». El anhelo de Teresa de morir pronto para unirse con Dios, estaba templado por el deseo que la inflamaba de sufrir por su amor. A este propósito escribió: «La única razón que encuentro para vivir, es sufrir, y eso es lo único que pido para mí». Según reveló la autopsia en el cadáver de la santa, había en su corazón la cicatriz de una herida larga y profunda («Estoy convencido de que santa Teresa murió en un trasporte de amor ... En cuanto a la herida de la arteria coronaria ... hay que reconocer que, aunque haya sido causada por el arranque de amor sobrenatural descrito por san Juan de la Cruz, los síntomas de fatiga ... , sobre los que existen varios testimonios, prueban que la santa tenía nn predisposición a la dilatación y la ruptura del miocardio.» Dr. Juan L'hermitte, en Etudes Carmelites, 1936, vol. II, p. 242.). El año siguiente (1560), para corresponder a esa gracia, la santa hizo el voto de hacer siempre lo que le pareciese más perfecto y agradable a Dios. Un voto de esa naturaleza está tan por encima de las fuerzas naturales, que sólo el esforzarse por cumplirlo puede justificarlo. Santa Teresa cumplió perfectamente su voto.
El relato que la santa nos dejó en su «Autobiografía» sobre sus visiones y experiencias espirituales, tiene el tono de la verdad. Es imposible leerlo sin quedar convencido de la sinceridad de su autora, que en todos sus escritos da muestras de una extraordinaria sencillez de estilo y de una preocupación constante por no exagerar los hechos. La Iglesia califica de «celestial» la doctrina de santa Teresa, en la oración del día de su fiesta. Las obras de la «mística Doctora» ponen al descubierto los rincones más recónditos del alma humana. La santa explica con una claridad casi increíble las experiencias más inefables. Y debe hacerse notar que Teresa era una mujer relativamente inculta, que escribió sus experiencias en la común lengua castellana de los habitantes de Ávila, que ella había aprendido «en el regazo de su madre»; una mujer que escribió sin valerse de otros libros, sin haber estudiado previamente las obras místicas y sin tener ganas de escribir, porque ello le impedía dedicarse a hilar; una mujer, en fin, que sometió sin reservas sus escritos al juicio de su confesor y sobre todo, al juicio de la Iglesia. La santa empezó a escribir su autobiografía por mandato de su confesor: «La obediencia se prueha de diferentes maneras». Por otra parte, el mejor comentario de las obras de la santa es la paciencia con que sobrellevó las enfermedades, las acusaciones y los desengaños; la confianza absoluta con que acudía en todas las tormentas y dificultades al Redentor crucificado y el invencible valor que demostró en todas las penas y persecuciones. Los escritos de santa Teresa subrayan sobre todo el espíritu de oración, la manera de practicarlo y los frutos que produce. Como la santa escribió precisamente en la época en que estaba consagrada a la difícil tarea de fundar conventos de carmelitas reformadas, sus obras, prescindiendo de su naturaleza y contenido, dan testimonio de su vigor, industriosidad y capacidad de recogimiento. Santa Teresa escribió el «Camino de Perfección» para dirigir a sus religiosas, y el libro de las «Fundaciones» para edificarlas y alentarlas. En cuanto al «Castillo Interior», puede considerarse que lo escribió para la instrucción de todos los cristianos, y en esa obra se muestra la santa como verdadera doctora de la vida espiritual.
Las carmelitas, como la mayoría de las religiosas, habían decaído mucho del primer fervor, a principios del siglo XVI. Ya hemos visto que los recibidores de los conventos de Ávila eran una especie de centro de reunión de las damas y caballeros de la ciudad. Por otra parte, las religiosas podían salir de la clausura con el menor pretexto, de suerte que el convento era el sitio ideal para quien deseaba una vida fácil y sin problemas. Las comunidades eran sumamente numerosas, lo cual era a la vez causa y efecto de la relajación. Por ejemplo, en el convento de Ávila había 140 religiosas. Santa Teresa comentaba más tarde: «La experiencia me ha enseñado lo que es una casa llena de mujeres. ¡Dios nos guarde de ese mal!» Ya que tal estado de cosas se aceptaba como normal, las religiosas no caían generalmente en la cuenta de que su modo de vida se apartaba mucho del espíritu de sus fundadores. Así, cuando una sobrina de santa Teresa, que era también religiosa en el convento de la Encarnación de Ávila, le sugirió la idea de fundar una comunidad reducida, la santa la consideró como una especie de revelación del cielo, no como una idea ordinaria. Teresa, que llevaba ya veinticinco años en el convento, resolvió poner en práctica la idea y fundar un convento reformado. Doña Guiomar de Ulloa, que era una viuda muy rica, le ofreció ayuda generosa para la empresa. San Pedro de Alcántara, san Luis Beltrán y el obispo de Ávila, aprobaron el proyecto, y el P. Gregorio Fernández, provincial de las carmelitas, autorizó a Teresa a ponerlo en práctica. Sin embargo, el revuelo que provocó la ejecución del proyecto, obligó al provincial a retirar el permiso y santa Teresa fue objeto de las críticas de sus propias hermanas, de los nobles, de los magistrados y de todo el pueblo. A pesar de eso, el P. Ibáñez, dominico, alentó a la santa a proseguir la empresa con la ayuda de Doña Guiomar. Doña Juana de Ahumada, hermana de santa Teresa, emprendió con su esposo la construcción de un convento en Ávila en 1561, pero haciendo creer a todos que se trataba de una casa en la que pensaban habitar. En el curso de la construcción, una pared del futuro convento se derrumbó y cubrió bajo los escombros al pequeño Gonzalo, hijo de doña Juana, que se hallaba allí jugando. Santa Teresa tomó en brazos al niño, que no daba ya señales de vida, y se puso en oración; algunos minutos más tarde, el niño estaba perfectamente sano, según consta en el proceso de canonización. En lo sucesivo, Gonzalo solía repetir a su tía que estaba obligada a pedir por su salvación, puesto que a sus oraciones debía el verse privado del cielo.
Por entonces, llegó de Roma un breve que autorizaba la fundación del nuevo convento. San Pedro de Alcántara, don Francisco de Salcedo y el Dr. Daza, consiguieron ganar al obispo a la causa, y la nueva casa se inauguró bajo sus auspicios el día de San Bartolomé de 1562. Durante la misa que se celebró en la capilla con tal ocasión, tornaron el velo la sobrina de la santa y otras tres novicias. La inauguración causó gran revuelo en Ávila. Esa misma tarde, la superiora del convento de la Encarnación mandó llamar a Teresa y la santa acudió con cierto temor, «pensando que iban a encarcelarme». Naturalmente tuvo que explicar su conducta a su superiora y al P. Ángel de Salazar, provincial de la orden. Aunque la santa reconoce que no faltaba razón a sus superiores para estar disgustados, el P. Salazar le prometió que podría retornar al convento de San José en cuanto se calmase la excitación del pueblo. La fundación no era bien vista en Ávila, porque las gentes desconfiaban de las novedades y temían que un convento sin fondos suficientes se convirtiese en una carga demasiado pesada para la ciudad. El alcalde y los magistrados hubiesen acabado por mandar demoler el convento, si no los hubiese disuadido de ello el dominico Báñez. Por su parte, Santa Teresa no perdió la paz en medio de las persecuciones y siguió encomendando a Dios el asunto; el Señor se le apareció y la reconfortó. Entre tanto, Francisco de Salcedo y otros partidarios de la fundación enviaron a la corte a un sacerdote para que defendiese la causa ante el rey, y los dos dominicos, Báñez e Ibáñez, calmaron al obispo y al provincial. Poco a poco fue desvaneciéndose la tempestad y, cuatro meses más tarde, el P. Salazar dio permiso a santa Teresa de volver al convento de San José, con otras cuatro religiosas de la Encarnación. La santa estableció la más estricta clausura y el silencio casi perpetuo. El convento carecía de rentas y reinaba en él la mayor pobreza; las religiosas vestían toscos hábitos, usaban sandalias en vez de zapatos (por ello se les llamó «descalzas») y estaban obligadas a la perpetua abstinencia de carne. Santa Teresa no admitió al principio más que a trece religiosas, pero más tarde, en los conventos que no vivían sólo de limosnas sino que poseían rentas, aceptó que hubiese veintiuna. En 1567, el superior general de los carmelitas, Juan Bautista Rubio (Bossi), visitó el convento de Ávila y quedó encantado de la superiora y de su sabio gobierno; concedió a santa Teresa plenos poderes para fundar otros conventos del mismo tipo (a pesar de que el de San José había sido fundado sin que él lo supiese) y aun la autorizó a fundar dos conventos de frailes reformados («carmelitas contemplativos»), en Castilla. Santa Teresa pasó cinco años con sus trece religiosas en el convento de San José, precediendo a sus hijas no sólo en la oración, sino también en los trabajos humildes, como la limpieza de la casa y el hilado. Acerca de esa época escribió: «Creo que fueron los años más tranquilos y apacibles de mi vida, pues disfruté entonces de la paz que tanto había deseado mi alma ... Su Divina Majestad nos enviaba lo necesario para vivir sin que tuviésemos necesidad de pedirlo, y en las raras ocasiones en que nos veíamos en necesidad, el gozo de nuestras almas era todavía mayor». La santa no se contenta con generalidades, sino que desciende a ejemplos menudos, como el de la religiosa que plantó horizontalmente un pepino por obediencia y la cañería que llevó al convento el agua de un pozo que, según los plomeros, era demasiado bajo. En agosto de 1567, santa Teresa se trasladó a Medina del Campo, donde fundó el segundo convento, a pesar de las múltiples dificultades que surgieron. La condesa de la Cerda quería que fundase otro convento en Malagón, y Santa Teresa le hizo en Madrid una visita que ella misma califica de «muy aburrida». Una vez que dejó establecido el convento de Malagón, fue a fundar otro en Valladolid. La siguiente fundación tuvo lugar en Toledo; fue esa empresa especialmente difícil, porque la santa sólo tenía cinco ducados al comenzar; pero, según escribía, «Teresa y cinco ducados no son nada; pero Dios, Teresa y cinco ducados bastan y sobran». Una joven de Toledo, que gozaba de gran fama de virtud, pidió ser admitida en el convento y dijo a la fundadora que traería consigo su Biblia. Teresa exclamó: «¿Vuestra Biblia? ¡Dios nos guarde! No entréis en nuestro convento, porque nosotras somos unas pobres mujeres que sólo sabemos hilar y hacer lo que se nos dice».
La santa había encontrado en Medina del Campo a dos frailes carmelitas que estaban dispuestos a abrazar la reforma: uno era Antonio de Jesús de Heredia, superior del convento de dicha ciudad y el otro, Juan de Yepes, más conocido con el nombre de san Juan de la Cruz. Aprovechando la primera oportunidad que se le ofreció, santa Teresa fundó un convento de frailes en el pueblecito de Duruelo en 1568; a éste siguió, en 1569, el convento de Pastrana. En ambos reinaba la mayor pobreza y austeridad. Santa Teresa dejó el resto de las fundaciones de conventos de frailes a cargo de san Juan de la Cruz. La santa fundó también en Pastrana un convento de carmelitas descalzas. Cuando murió Don Ruy Gómez de Silva, quien había ayudado a Teresa en la fundación de los conventos de Pastrana, su mujer quiso hacerse carmelita, pero exigiendo numerosas dispensas de la regla y conservando el tren de vida de una princesa. Teresa, viendo que era imposible reducirla a la humildad propia de su profesión, ordenó a sus religiosas que se trasladasen a Segovia y dejasen a la princesa su casa de Pastrana. En 1570 la santa, con otra religiosa, tomó posesión en Salamanca de una casa que hasta entonces había estado ocupada por ciertos estudiantes «que se preocupaban muy poco de la limpieza». Era un edificio grande, complicado y ruinoso, de suerte que al caer la noche la compañera de la santa empezó a ponerse muy nerviosa. Cuando se hallaban ya acostadas en sendos montones de paja («lo primero que llevaba yo a un nuevo monasterio era un poco de paja para que nos sirviese de lecho»), Teresa preguntó a su compañera en qué pensaba. La religiosa respondió: «Estaba yo pensando qué haría su reverencia si muriese yo en este momento y su reverencia quedase sola con un cadáver». La santa confiesa que la idea la sobresaltó, porque, aunque no tenía miedo de los cadáveres, la vista de ellos le producía siempre «un dolor en el corazón». Sin embargo, respondió simplemente: «Cuando eso suceda, ya tendré tiempo de pensar lo que haré, por eI momento lo mejor es dormir». En julio de ese año, mientras se hallaba haciendo oración, tuvo una visión del martirio de los beatos jesuitas Juan Acevedo y sus compañeros, entre los que se contaba su pariente Francisco Pérez Godoy. La visión fue tan clara, que Teresa tenía la impresión de haber presenciado directamente la escena, e inmediatamente la describió detalladamente al P. Álvarez, quien un mes más tarde, cuando las nuevas del martirio llegaron a España, pudo comprobar la exactitud de la visión de la santa.
Por entonces, san Pío V nombró a varios visitadores apostólicos para que hiciesen una investigación sobre la relajación de las diversas órdenes religiosas, con miras a la reforma. El visitador de los carmelitas de Castilla fue un dominico muy conocido, el P. Pedro Fernández. Naturalmente, el efecto que le produjo el convento de la Encarnación de Ávila fue muy malo, e inmediatamente mandó llamar a santa Teresa para nombrarla superiora del mismo. La tarea era particularmente desagradable para la santa, tanto porque tenía que separarse de sus hijas, como por la dificultad de dirigir una comunidad que, desde el principio, había visto con recelo sus actividades de reformadora. Al principio, las religiosas se negaron a obedecer a la nueva superiora, cuya sola presencia producía ataques de histeria en algunas. La santa comenzó por explicarles que su misión no consistía en instruirlas y guiarlas con el látigo en la mano, sino en servirlas y aprender de ellas: «Madres y hermanas mías, el Señor me ha enviado aquí por la voz de la obediencia a desempeñar un oficio en el que yo jamás había pensado y para el que me siento muy mal preparada ... Mi única intención es serviros ... No temáis mi gobierno. Aunque he vivido largo tiempo entre las carmelitas descalzas y he sido su superiora, sé también, por la misericordia del Señor, cómo gobernar a las carmelitas calzadas». De esta manera se ganó la simpatía y el afecto de la comunidad y le fue menos difícil restablecer la disciplina entre las carmelitas calzadas, de acuerdo con sus constituciones. Poco a poco prohibió completamente las visitas demasiado frecuentes (lo cual molestó mucho a ciertos caballeros de Ávila), puso en orden las finanzas del convento e introdujo el verdadero espíritu del claustro. En resumen, fue aquella una realización característicamente teresiana. En Veas, a donde había ido a fundar un convento, la santa conoció al P. Jerónimo Gracián, quien la convenció fácilmente para que extendiese su campo de acción hasta Sevilla. El P. Gracián era un fraile de la reforma carmelita que acababa precisamente de predicar la cuaresma en Sevilla. Fuera de la fundación del convento de San José de Ávila, ninguna otra fue más difícil que la del de Sevilla; entre otras dificultades una novicia que había sido despedida, denunció a las carmelitas descalzas ante la Inquisición como «iluminadas» y otras cosas peores.
Los carmelitas de Italia veían con malos ojos el progreso de la reforma en España, lo mismo que los carmelitas no reformados de España, pues comprendían que un día u otro se verían obligados a reformarse. El P. Rubio, superior general de la Orden, quien hasta entonces había favorecido a santa Teresa, se pasó al lado de sus enemigos y reunió en Plasencia un capítulo general que aprobó una serie de decretos contra la reforma. El nuevo nuncio apostólico, Felipe de Sega, destituyó al P. Gracián de su cargo de visitador de los carmelitas descalzos y encarceló a san Juan de la Cruz en un monasterio; por otra parte, ordenó a santa Teresa que se retirase al convento que ella eligiera y que se abstuviese de fundar otros nuevos. La santa, al mismo tiempo que encomendaba el asunto a Dios, decidió valerse de los amigos que tenía en el mundo y consiguió que el propio Felipe II interviniese en su favor. En efecto, el monarca convocó al nuncio y le reprendió severamente por haberse opuesto a la reforma del Carmelo; además, en 1580, obtuvo de Roma una orden que eximía a los carmelitas descalzos de la jurisdicción del provincial de los calzados. El P. Gracián fue elegido provincial de los carmelitas descalzos. «Esa separación fue uno de los mayores gozos y consolaciones de mi vida, pues en aquellos veinticinco años nuestra orden había sufrido más persecuciones y pruebas de las que yo podría escribir en un libro. Ahora estábamos por fin en paz, calzados y descalzos, y nada iba a distraernos del servicio de Dios».
Indudablemente santa Teresa era una mujer excepcionalmente dotada. Su bondad natural, su ternura de corazón y su imaginación chispeante de gracia, equilibradas por una extraordinaria madurez de juicio y una profunda intuición psicológica, le ganaban generalmente el cariño y el respeto de todos. Razón tenía el poeta Crashaw al referirse a santa Teresa bajo los símbolos aparentemente opuestos de «el águila» y «la paloma». Cuando le parecía necesario, la santa sabía hacer frente a las más altas autoridades civiles o eclesiásticas, y los ataques del mundo no le hacían doblar la cabeza. Las palabras que dirigió al P. Salazar: «Guardaos de oponeros al Espíritu Santo», no fueron un reto de histérica; y no fue un abuso de autoridad lo que la movió a tratar con dureza implacable a una superiora que se había incapacitado a fuerza de hacer penitencia. Pero el águila no mataba a la paloma, como puede verse por la carta que escribió a un sobrino suyo que llevaba una vida alegre y disipada: «Bendito sea Dios porque os ha guiado en la elección de una mujer tan buena y ha hecho que os caséis pronto, pues habíais empezado a disiparos desde tan joven, que temíamos mucho por vos. Esto os mostrará el amor que os profeso». La santa tomó a su cargo a la hija ilegítima y a la hermana del joven, la cual tenía entonces siete años: «Las religiosas deberíamos tener siempre con nosotras a una niña de esa edad». El ingenio y la franqueza de Teresa jamás sobrepasaban la medida, ni siquiera cuando los empleaba como un arma. En cierta ocasión en que un caballero indiscreto alabó la belleza de su pies descalzos, Teresa se echó a reír y le dijo que los mirase bien porque jamás volvería a verlos. Los famosos dichos «Bien sabéis lo que es una comunidad de mujeres» e «Hijas mías, estas son tonterías de mujeres», prueban el realismo con que la santa consideraba a sus súbditas. Criticando un escrito de su buen amigo Francisco de Salcedo, Teresa le escribía: «El señor Salcedo repite constantemente: `Como dice San Pablo', `Como dice el Espíritu Santo', y termina declarando que su obra es una serie de necedades. Me parece que voy a denunciarle a la Inquisición». La intuición de santa Teresa se manifestaba sobre todo en la elección de las novicias de las nuevas fundaciones. Lo primero que exigía, aun antes que la piedad, era que fuesen inteligentes, es decir, equilibradas y maduras, porque sabía que es más fácil adquirir la piedad que la madurez de juicio. «Una persona inteligente es sencilla y sumisa, porque ve sus faltas y comprende que tiene necesidad de un guía. Una persona tonta y estrecha es incapaz de ver sus faltas, aunque se las pongan delante de los ojos; y como está satisfecha de sí misma, jamás se mejora». «Aunque el Señor diese a esta joven los dones de la devoción y la contemplación, jamás llegará a ser inteligente, de suerte que será siempre una carga para la comunidad. ¡Que Dios nos guarde de las monjas tontas!» Imposible ser más realista que santa Teresa.
En 1580, cuando se llevó a cabo la separación de las dos ramas del Carmelo, santa Teresa tenía ya sesenta y cinco años y su salud estaba muy debilitada. En los dos últimos años de su vida fundó otros dos conventos, lo cual hacía un total de diecisiete. Las fundaciones de la santa no eran simplemente un refugio de las almas contemplativas, sino también una especie de reparación ds los destrozos llevados a cabo en los monasterios por el protestantismo, principalmente en Inglaterra y Alemania. Dios tenía reservada para los últimos años de vida de su sierva, la prueba cruel de que interviniera en el proceso legal del testamento de su hermano Lorenzo, cuya hija era superiora en el convento de Valladolid. Como uno de los abogados tratase con rudeza a la santa, ésta replicó: «Quiera Dios trataros con la cortesía con que vos me tratáis a mí». Sin embargo, Teresa se quedó sin palabra cuando su sobrina, que hasta entonces había sido una excelente religiosa, la puso a la puerta del convento de Valladolid, que ella misma había fundado. Poco después, la santa escribía a la madre María de San José: «Os suplico, a vos y a vuestras religiosas, que no pidáis a Dios que me alargue la vida. Al contrario, pedidle que me lleve pronto al eterno descanso, pues ya no puedo seros de ninguna utilidad». En la fundación del convento de Burgos, que fue la última, las dificultades no escasearon. En julio de 1582, cuando el convento estaba ya en marcha, santa Teresa tenía la intención de retornar a Ávila, pero se vio obligada a modificar sus planes para ir a Alba de Tormes a visitar a la duquesa María Henríquez. La beata Ana de San Bartolomé refiere que el viaje no estuvo bien proyectado y que santa Teresa se hallaba ya tan débil, que se desmayó en el camino. Una noche sólo pudieron comer unos cuantos higos. Al llegar a Alba de Tormes, la santa tuvo que acostarse inmediatamente. Tres días más tarde, dijo a la beata Ana: «Por fin, hija mía, ha llegado la hora de mi muerte». El P. Antonio de Heredia le dio los últimos sacramentos y le preguntó dónde quería que la sepultasen. Teresa replicó sencillamente: «¿Tengo que decidirlo yo? ¿Me van a negar aquí un agujero para mi cuerpo?» Cuando el P. de Heredia le llevó el viático, la santa consiguió erguirse en el lecho, y exclamó: «¡Oh, Señor, por fin ha llegado la hora de vernos cara a cara!» Santa Teresa de Jesús, visiblemente trasportada por lo que el Señor le mostraba, murió en brazos de la beata Ana a las 9 de la noche del 4 de octubre de 1582. Precisamente al día siguiente, entró en vigor la reforma gregoriana del calendario, que suprimió diez días, de suerte que la fiesta de la santa fue fijada, más tarde, el 15 de octubre. Teresa fue sepultada en Alba de Tormes, donde reposan todavía sus reliquias. Su canonización tuvo lugar en 1622, y en 1970, como ya dijimos, fue proclamada Dortora de la Iglesia.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
martes, 30 de septiembre de 2014
Los cinco temores más frecuentes del escritor
/0 Comentarios/en Uncategorized /por Bebookness
A todos se nos amontonan los temores a la hora de escribir. Nos gustaría hacerlo, emprender la tarea, pero nuestro pequeño yo se empeña en decirnos que vivimos en otro planeta, que aterricemos. Que dejemos de soñar. Y claro, cuando dejas de soñar (y de emprender) empiezas a morir.
Una de las cosas que he aprendido en mi breve periplo (acabo de auto publicar mi primer libro, La fórmula del éxito) es que a nadie tienes que pedir permiso para expresar lo que quieras ni cómo lo quieras. Y que hay mucha gente que está deseando escucharlo, lo único es que no la conoces.
Cuáles son los cinco temores más frecuentes a la hora de escribir. Aquí los tienes para que, tal y como vayas leyendo, los vayas desechando.
1.- CREER QUE NO SE TIENE NADA ORIGINAL QUE DECIR. “¿Qué voy a contar? Si está todo dicho..”. Efectivamente hay mucho ya narrado, porque la humanidad lleva miles de años existiendo y la imprenta cientos. Pero aunque esté todo dicho, tu aportación es única, tu forma de verlo, tu estilo, tu tono, tu lenguaje… La energía que aportas a tu obra es única y con ella, la vibración que llega a tus lectores.
Puede que no haya cosas nuevas, pero sí maneras nuevas de verlas (y de decirlas).
2.- CREER QUE NO VAS A SABER CONTARLO. “Soy muy torpe, no sé ordenar las ideas, mi estilo es muy pobre…” No hace falta que te martirices tanto, porque nadie sabemos hacer nada hasta que empezamos. Se aprende haciendo, no lamentándose. Empieza, estudia, practica, y verás que los resultados empiezan a afluir.
¿Tienes miedo de que tu libro no sea bueno? No te preocupes, el peor libro es el que no se escribe.
3.- CREER QUE EL ACABADO NO SERÁ PERFECTO. Para acabados ya están los que se encargan de ello. Tú a escribir, que es lo tuyo. Hoy en día abundan por doquier los servicios de profesionales y freelances que se encargan de todo aquello que tú no sabes o no quieres hacer: corrección ortográfica, de estilo, elaboración del índice, pies de página, notas bibliográficas, maquetación, cubiertas…
Cada profesional tiene una tarea, y la tuya es la de escribir, la de sacar lo que llevas dentro para dejar tu huella en este mundo. No te dejes intimidar por tareas de las que pueden encargarse otros.
4.- CREER QUE NADIE TE VA A PUBLICAR. Tengo dos noticias: una mala y una buena.
La mala es que, efectivamente, es bastante probable (tremendamente probable) que nadie te publique. La buena es que no necesitas que lo hagan, ya que para eso estás tú. Efectivamente, para convertirte en el auto publicador de tu propia obra, en tu propio editor.
Las herramientas para hacerlo las encontrarás por doquier en internet. Puedes hacerlo todo tú mismo o encargar a otro que te lo haga, tanto si quieres publicar el libro en papel como en formato electrónico. Las posibilidades hoy en día son infinitas.
5.- CREER QUE A NADIE VA A INTERESAR LO QUE PUBLIQUES. Finalmente, puedes tener el temor de pensar que lo que cuentas es tan insignificante, tan poco trascendente que a prácticamente nadie interesará.
Sin embargo, es muy gratificante cuando llegan los primeros lectores y te dicen lo que les ha gustado, les ha servido o les ha inspirado tu obra. Te agradecen lo que escribes, te preguntan cuándo vas a publicar más y hasta te dicen (me ha pasado) ¡que quieren ser como tú!
Tú no sabes quién hay esperándote fuera; por eso no puedes cerrar ninguna puerta ni dejar sin su libro a quien lo está esperando, a quien te está esperando.
No lo dudes: lo sepas o no, eres útil para muchos. Y quizá haya llegado la hora de manifestarlo.
Una de las cosas que he aprendido en mi breve periplo (acabo de auto publicar mi primer libro, La fórmula del éxito) es que a nadie tienes que pedir permiso para expresar lo que quieras ni cómo lo quieras. Y que hay mucha gente que está deseando escucharlo, lo único es que no la conoces.
Cuáles son los cinco temores más frecuentes a la hora de escribir. Aquí los tienes para que, tal y como vayas leyendo, los vayas desechando.
1.- CREER QUE NO SE TIENE NADA ORIGINAL QUE DECIR. “¿Qué voy a contar? Si está todo dicho..”. Efectivamente hay mucho ya narrado, porque la humanidad lleva miles de años existiendo y la imprenta cientos. Pero aunque esté todo dicho, tu aportación es única, tu forma de verlo, tu estilo, tu tono, tu lenguaje… La energía que aportas a tu obra es única y con ella, la vibración que llega a tus lectores.
Puede que no haya cosas nuevas, pero sí maneras nuevas de verlas (y de decirlas).
2.- CREER QUE NO VAS A SABER CONTARLO. “Soy muy torpe, no sé ordenar las ideas, mi estilo es muy pobre…” No hace falta que te martirices tanto, porque nadie sabemos hacer nada hasta que empezamos. Se aprende haciendo, no lamentándose. Empieza, estudia, practica, y verás que los resultados empiezan a afluir.
¿Tienes miedo de que tu libro no sea bueno? No te preocupes, el peor libro es el que no se escribe.
3.- CREER QUE EL ACABADO NO SERÁ PERFECTO. Para acabados ya están los que se encargan de ello. Tú a escribir, que es lo tuyo. Hoy en día abundan por doquier los servicios de profesionales y freelances que se encargan de todo aquello que tú no sabes o no quieres hacer: corrección ortográfica, de estilo, elaboración del índice, pies de página, notas bibliográficas, maquetación, cubiertas…
Cada profesional tiene una tarea, y la tuya es la de escribir, la de sacar lo que llevas dentro para dejar tu huella en este mundo. No te dejes intimidar por tareas de las que pueden encargarse otros.
4.- CREER QUE NADIE TE VA A PUBLICAR. Tengo dos noticias: una mala y una buena.
La mala es que, efectivamente, es bastante probable (tremendamente probable) que nadie te publique. La buena es que no necesitas que lo hagan, ya que para eso estás tú. Efectivamente, para convertirte en el auto publicador de tu propia obra, en tu propio editor.
Las herramientas para hacerlo las encontrarás por doquier en internet. Puedes hacerlo todo tú mismo o encargar a otro que te lo haga, tanto si quieres publicar el libro en papel como en formato electrónico. Las posibilidades hoy en día son infinitas.
5.- CREER QUE A NADIE VA A INTERESAR LO QUE PUBLIQUES. Finalmente, puedes tener el temor de pensar que lo que cuentas es tan insignificante, tan poco trascendente que a prácticamente nadie interesará.
Sin embargo, es muy gratificante cuando llegan los primeros lectores y te dicen lo que les ha gustado, les ha servido o les ha inspirado tu obra. Te agradecen lo que escribes, te preguntan cuándo vas a publicar más y hasta te dicen (me ha pasado) ¡que quieren ser como tú!
Tú no sabes quién hay esperándote fuera; por eso no puedes cerrar ninguna puerta ni dejar sin su libro a quien lo está esperando, a quien te está esperando.
No lo dudes: lo sepas o no, eres útil para muchos. Y quizá haya llegado la hora de manifestarlo.
Agustin Grau, autor de “La fórmula del éxito”
viernes, 12 de septiembre de 2014
La escritura, como proyecto personal, puede mejorar tu salud
Una revisión de los beneficios de la escritura como proyecto personal y como actividad terapéutica. Escribir como proyecto personal puede mejorar tu salud.

Rafael Vázquez
1,729 views | 1,220 shares
- Todos deberíamos tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro... Hoy te voy a platicar de los beneficios más directos de escribir como proyecto personal, lúdico o profesional, pero también como actividad terapéutica.Resulta que recientemente han surgido estudios clínicos de especialistas en psicología, neurología, psiquiatría y terapéutica de enfermedades como el cáncer, que han arrojado datos impresionantes relacionados con la escritura. Veamos:
Contra la senilidad
Hace años se había hallado una relación directa entre la escritura y la incidencia de los casos de enfermedades mentales, en especial las relacionadas con la edad avanzada. El porcentaje de incidencia de padecimientos como Alzheimer o la demencia senil es drásticamente menor entre personas que escriben particularmente en aquellos que acostumbran, por ejemplo, llevar un diario personal o han tenido actividades profesionales que involucren la escritura de reportes, artículos periodísticos o académicos durante periodos prolongados de su vida. Al parecer, la memoria funciona de modo análogo a los músculos (y viceversa): escribir un diario nos obliga a recuperar datos y acontecimientos del día. No es que necesitemos esos datos durante toda la vida en cada momento, pero el ejercicio de recordar a diario lo que hemos vivido en las últimas horas es un magnífico ejercicio para nuestra mente, que lo agradecerá cuando deba hacer gala de toda su preparación en nuestra edad avanzada.Contra enfermedades más graves
En 2008, una investigación del Journal of pain and symptom management (Revista del dolor y manejo de los síntomas) informó que un grupo de pacientes con cáncer que pasaron por lo menos 20 minutos una vez por semana (durante tres) escribiendo una historia sobre cómo el cáncer les afectó, experimentaron menos dolor y reportaron los niveles más altos de bienestar.Por su parte, el doctor James Pennebaker, jefe del Departamento de Psicología de la Universidad de Texas en Austin, dice que "parece que la imposición de algún tipo de estructura en la escritura y la construcción de una nueva narrativa –a diferencia de un refrito de las mismas viejas historias y sentimientos una y otra vez– ofrece una perspectiva sobre la distancia de los acontecimientos vitales que nos ayudan a averiguar lo que significan esos acontecimientos y la forma de manejarlos de manera diferente".Algunos terapeutas ayudan a pacientes con enfermedades graves haciendo que trabajen durante dos meses con varios pequeños proyectos y recuperan sus trabajos en una carpeta. Los participantes escriben sobre un libro que cambió su vida o se escriben cartas a sí mismos como si fueran un niño.La satisfacción de un proyecto personal
Además de los sorprendentes beneficios de salud que se han descubierto en los últimos días, escribir también puede convertirse en un proyecto personal que te brindará la oportunidad de soñar, planear y esforzarte con constancia y paciencia hasta verlo culminado.Todos tenemos algo que decir, una historia que contar
Todos tenemos experiencias de vida que queremos compartir con otros. Es válido también recuperar los acontecimientos que hemos vivido o presenciado y reinventarlos para que tengan un final distinto al que tuvieron en la realidad.No es necesario que publiques todo lo que escribes, ni hacer solo textos dignos de un dictamen favorable en una casa editorial. Y si piensas publicar tus escritos, no necesitas gastar grandes cantidades de dinero para imprimir y distribuir –aunque esa posibilidad no debes descartarla del todo.Puedes usar libretas tradicionales que guardes para ti solo. O puedes abrir un blog
(una bitácora electrónica en internet) y escribir en él: lo mejor es que tú decidirás cómo y cuándo compartir lo que escribes.Adquiere el hábito de escribir
Lo mismo que la lectura, para adquirir el hábito de la escritura es necesario tener disciplina. La parte más difícil siempre será la inicial, pero conforme vayan pasando los días sin que falles, verás que no solo te resulta necesario escribir a diario, sino placentero. Te dejo estos consejos:- No dejes que pase un día sin escribir.
- Escribe durante 20 minutos, por lo menos, en un día.
- Escribe acerca de un gran conflicto o estrés en tu vida, algo personal e importante.
- No te preocupes por la ortografía o la gramática. Al menos, no al principio.
- Dedica tiempo a leer literatura narrativa (novelas, cuentos, etcétera).
Si estás listo para mejorar tu salud y cumplir un gran proyecto, ¡feliz escritura!
http://familias.com/la-escritura-como-proyecto-personal-puede-mejorar-tu-salud
jueves, 3 de abril de 2014
Lo que un escrito precisa:
Estamos viendo un número creciente de personas que quieren escribir y mostrar su talento. Tenga en blogs, redes sociales, páginas personales, palabras e ideas se multiplican. Nunca he tenido tantos nuevos escritores potenciales. De todos los estilos, formas y movimientos.
Nuevos autores son siempre bienvenidos. Pero usted debe prestar mucha atención a algunos puntos que definirán su futuro y también la batalla de la que, por tanto, ha de sobrevivir, por la pasión o simplemente a No te vuelvas loco. 1) Un escritor debe consumir y leer libros serían grandes para el mercado literario, esta necesidad de escribir y publicar podría volver a las mayores ventas de libros y ebooks. , Estimulando el crecimiento nacional, y preferiblemente mejor aún, los nuevos autores o editores, o independiente de mercado y nuevas oportunidades de publicación. 2) Conoce a otros autores y el valor de mercado tradicional de grandes autores y los editores importantes, todavía hay un montón de buena gente esperando el reconocimiento o la mayor audiencia. Con el Internet, es más fácil de encontrar y promover estas personas. Es también la oportunidad de conocer la historia detrás de los autores que más te gusten, sus experiencias, errores y éxitos. Esto va para los escritores de nuestra edad o más. 3) Sea selectivo y cuidadoso en quien escribe y publica La facilidad de la edición y la escritura en la web también tiene el riesgo de precipitación y control de calidad. Se puede ver en muchos errores básicos de los textos portugueses, construcción de frases y el vocabulario. Esto causa mala impresión y aliena a los lectores potenciales. cuidado al publicar un texto que aún no está listo. Usted puede tener gusto y lamentarlo más tarde hoy. Leer y revisar con frecuencia. Escuchar las opiniones de su confianza. Deja un texto separado por un tiempo, y luego leer y criticar mejor. Revise con frialdad, como si lo fuera. Otra persona 4) Descubre tu verdad. No seguir las tendencias o fórmulas. nunca existió recetas para vender libros. Pero algunos atienden a los momentos u oportunidades específicas y se convierten en fenómenos de ventas. Y no siempre debido a sus cualidades literarias. No se deje guiar por estas fórmulas. Averigüe lo que usted realmente desea escribir y seguir su propio camino. Los escritores viven con palabras y no por otra cosa. 5) Los escritores deben cuidar de su imagen y la voz Actualmente contamos con más espacio de lo que necesitamos para asegurarse de que la imagen y las ideas que tenemos. Esto se aplica a muchas veces. No cortar la espontaneidad, pero tenga cuidado. Incluso en un comentario, el correo electrónico o una frase en las redes sociales debe ser consciente de lo que estás diciendo y cómo se escribe. Sepa cuándo y el derecho a decir las cosas que usted necesita y desea hablar lugar. De la misma manera que tiene tanto cuidado y prepara para escribir un libro, busca la atención y valoran su imagen personal. Esto también puede significar saber cuándo callar o aislar algo. 6) Los escritores deben interactuar con otros escritores Cualquier círculo cerrado otros pueden limitar su universo y el intercambio de ideas. Estar abierto a aprender sobre el trabajo de otros escritores. Tenga en cuenta, las ideas y el intercambio de opiniones. No limite su estilo o propuso estar interesado en otras formas de crear y escribir. La web permite interactuar con la gente en cualquier parte del mundo. Aproveche la oportunidad de colaborar, intercambiar información y experiencias. Participar en eventos y reuniones con los escritores. Aprenda escucha crítica, las opiniones contrarias. Sea un buen oyente y estar en contacto con las personas que usted identifique e interactuar más. Mantener un canal directo con sus lectores y aprender de ellos. 7) Siempre escribir el tiempo, incluso cuando usted no se siente inspirado, o intenta producir algo. Tenemos que practicar ejercicio y criterios. Puede cambiar las creaciones espontáneas con una cuidadosa revisión, organización de la información, nuevos proyectos, datos de investigación y referencias. utilizar la mente en su favor. Trate de explorar sus cualidades y defectos. Organizar el entorno de la rutina y el trabajo para producir mejor y de calidad. Los escritores son gente normal como cualquier mortal. éxito o no que sigue siendo cierto es el acto de la escritura. escribió para otros, pero sobre todo a nosotros mismos.
http://robertotostes.blogspot.com.br/2014/03/o-que-um-escritor-precisa-saber.html
martes, 25 de marzo de 2014
6 consejos para que las editoriales NO lean tu manuscrito
6 consejos para que las editoriales no lean tu manuscrito
Se reciben, en las editoriales, muchísimos manuscritos, hasta un punto que es imposible contestar adecuadamente a todos ellos.
Dado que los recursos son muy limitados, se ven obligados a ser drásticos en el proceso de análisis de las obras recibidas. De hecho, en muchos casos nos basta leer la carta de introducción para desechar una obra, y no llegan a leer ni una palabra del manuscrito.
Con el objetivo de ayudar a los autores a que vean leídos sus manuscritos, por parte de todas las editoriales, hemos redactado esta breve relación de consejos.
6 consejos para que las editoriales no lean tu manuscrito
HortografiaLa hortografía esta pasada de moda. Los Autores Posmodernos no se someten al yugo de unas normas fijas y arvitrarias establecidas por unos señores agenos al mundo real. Todo el mundo sabe que el unico obgetivo de la rreal akademia española es bender dicionarios. Por tanto, da rienda suelta a tu creatibidad y escribe como mas te guste, así demostraras tu orijinalidad.
Si en la carta de introducion no demuestras tu propria hortografia orijinal, te garantizamos que nadie leera tu man uscrito.
Muchas editoriales incluyen instrucciones para el envío de manuscritos. Por ejemplo, algunas solicitan un curriculum detallado, otras un resumen de la obra y la mayoría indica una dirección específica para la presentación de obras.
Si cumples estas indicaciones, nadie leerá tu manuscrito, porque la impresión que transmites es que tu tiempo es menos valioso que el de los empleados de la editorial.
Lo más importante para un futuro autor de éxito es la actitud. Tienes que ver tu obra como algo excepcional, y a ti mismo como un genio literario de esos que solo aparecen una vez cada varios siglos. Desprecia las reglas y serás respetado.
Cuanto más larga sea la carta que acompaña al manuscrito, más probabilidades tendrás de ser publicado
Es el lugar ideal para demostrar tus dotes literarias. Recomendamos escribir varias páginas en las que hables sobre ti, sobre el libro y todo lo que se te ocurre.
Envía tu curriculum y docenas de archivos
La información es poder y los detalles son importantes. Envía todos los archivos posibles (no te molestes en pasar el antivirus antes, los virus son cosa del pasado). En el cv indica a qué guardería fuiste, cuál es tu grupo sanguíneo y toda la información que pueda ser útil en caso de guerra nuclear o invasión de zombis (por ejemplo, ¿sabes encender un fuego con yesca y pedernal? ¿has disparado alguna vez con una escopeta recortada?).
Aprovecha para enviar todos los libros y artículos que hayas escrito, sin olvidar las redacciones que escribiste en el colegio. A los lectores de las editoriales les encanta conocer el «trasfondo» de los autores.
Incluye una portada del libro (pero solo si es poco relevante o de poca calidad). Queda muy profesional.
Si todavía no lo has hecho, abre Microsoft Paint y diseña una portada para tu libro ahora mismo. Ya que eres un futuro autor de éxito, lo normal es que consigas hacer una portada profesional en unos pocos gestos del ratón. Además, es conocido que los maquetistas gráficos son autores frustrados que nunca consiguieron publicar su obra.
Seguimiento
Si no te contestan en 24 horas, envía correos amenazantes o insultantes. Eso aumentará tus probabilidades de éxito.
viernes, 21 de marzo de 2014
miércoles, 5 de marzo de 2014
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